Wednesday, January 30, 2013

Sintesis de epistemologia medica critica

Andreina Viases

SÍNTESIS DE EPISTEMOLOGÍA MÉDICA CRÍTICA:


El ejercicio de una disciplina se estructura como un conjunto de saberes organizados que dan sustento a una práctica, a una serie de representaciones, a la construcción de un objeto de estudio, en fin, a un campo científico específico.  Este cuerpo de conocimientos aplicados rutinaria y automáticamente cristalizan en una falsa visión naturalizadora de sus fundamentos lo que impide el reconocimiento de la influencia que determinadas creencias, teorías e imponen a nuestras percepciones, hipótesis e interpretaciones de los fenómenos sobre los que actuamos.

Los modelos hegemónicos de práctica profesional instalados en el campo de la ciencia “oficial”  mediante su estado objetivado (instituciones, obras, etc) se imponen como los únicos capaces de atribuirse la legitimación social que el carácter de “científico” otorga en nuestra época a una disciplina.
Los modelos hegemónicos de práctica profesional instalados en el campo de la ciencia “oficial”  mediante su estado objetivado (instituciones, obras, etc) se imponen como los únicos capaces de atribuirse la legitimación social que el carácter de “científico” otorga en nuestra época a una disciplina.
La lógica específica de ciertos campos implica una independencia respecto de otros dominios del saber determinando algún grado de incomunicabilidad entre ellos. La disposición endogámica interdisciplinar produce no pocas veces una ignorancia absoluta de lo que sucede extramuros y, lo que es peor aún, el desconocimiento de dicha ignorancia y de las condiciones históricas sociales que las hicieron posible.
Bajo la ficción de una aproximación totalizante y autosuficiente a lo real las disciplinas se encierran peligrosamente y obturan la posibilidad del enriquecimiento mutuo en el intercambio transdisciplinario. Estas barreras quedan inscriptas en las prácticas, los discursos inconmensurables unos con otros y en la disolución de todo reconocimiento de sus propias fisuras para dar cuenta de la inabordable complejidad de lo real.  
La Medicina se ha ido configurando históricamente sobre la base de cierta epistemología, metodología científica, representaciones del cuerpo biológico como su objeto específico de estudio y sobre el imaginario instituyente que los sujetos han elaborado en el seno de una determinada cultura sobre este.
Su visión del tema de la salud y la enfermedad se encuentra por lo tanto inexorablemente anclada en esta constelación de elementos que conforman su soporte cognitivo y el fundamento último de su práctica. Los significados así construidos dan coherencia a la observación y dotan de sentido a las prácticas profesionales.

La estereotipación y la repetición indefinida perpetúa un habitus al decir de P. Bourdieu sobre el que se instala la práctica profesional: “Hábitus científico: sistemas generadores de percepción, apreciación y acción que son el producto de una forma específica de acción pedagógica vuelven posibles la elección de objetos, la solución de problemas y al evaluación de las soluciones”. Pierre Bourdieu.
Nunca este espíritu es aprehendido de modo consiente o deliberado y por lo tanto se ubica en ese subsuelo oculto habitado por creencias a menudo inscriptas en el cuerpo y fundada en “razones que la razón desconoce” (Blas Pascal).
los nuevos profesionales adoptan un estilo de práctica, una modalidad de conocimiento, un modo de apropiación de los saberes y por otro lado responden a una demanda social que no pocas veces reclama tales procederes.
En el interior del dispositivo epistémico consolidado determinado modelo de ejercicio es perfectamente funcional y sus instrumentos y modalidades de acercamiento al fenómeno de la salud enfermedad no admiten cuestionamientos. Una racionalidad sólidamente estructurada aporta los fundamentos científicos, éticos y procedimentales que impiden el ejercicio de la autocrítica y la desnaturalización sobre aquellos supuestos implícitos desde el momento en que sus conclusiones son registradas como datos crudos provenientes de la más objetiva realidad y validados por una metodología que aparece como garantía suficiente de su carácter de verdades autoevidentes. El orden científico establecido se vale de un conjunto de instituciones encargadas de asegurar la producción y circulación de bienes científicos a través de un sistema de enseñanza capaz de asegurar a la ciencia oficial la permanencia y la reproducción de su propio estatuto.
Se hace así comprensible que la producción de saberes adquiera el carácter de contundente evidencia siempre que los procedimientos subyacentes en su construcción no resulten jamás convertidos en objeto de análisis o de cuestionamiento. Ese momento previo y a la vez oculto en que una disciplina elabora sus relaciones de conocimiento con la realidad y al mismo tiempo la define, allí donde el acto de nombrar no sólo designa sino que convoca a las cosas a un modo de ser ajustado a esa denominación, a ese silenciado proceso es que deberíamos destinar algún esfuerzo para hacerlo visible, nombrarlo, “evidente”.
Deberá admitirse entonces que el estatuto de “evidencia” de un conocimiento resulte tan contundente mientras no sean objeto de discusión sus propias metodologías de producción, (por cierto nada evidentes en el campo médico).
La idea misma de “evidencia” da cuenta de un posicionamiento epistemológico básico sin cuyo replanteo crítico queda obturada toda posibilidad de discusión.
Se hace así comprensible que la producción de saberes adquiera el carácter de contundente evidencia siempre que los procedimientos subyacentes en su construcción no resulten jamás convertidos en objeto de análisis o de cuestionamiento. Ese momento previo y a la vez oculto en que una disciplina elabora sus relaciones de conocimiento con la realidad y al mismo tiempo la define, allí donde el acto de nombrar no sólo designa sino que convoca a las cosas a un modo de ser ajustado a esa denominación, a ese silenciado proceso es que deberíamos destinar algún esfuerzo para hacerlo visible, nombrable, “evidente”.
Deberá admitirse entonces que el estatuto de “evidencia” de un conocimiento resulte tan contundente mientras no sean objeto de discusión sus propias metodologías de producción, (por cierto nada evidentes en el campo médico).
La idea misma de “evidencia” da cuenta de un posicionamiento epistemológico básico sin cuyo replanteo crítico queda obturada toda posibilidad de discusión.
Son estas herramientas metodológicas las que deberán convertirse en objeto de conocimiento con la intención de interrogar sistemáticamente el universo de relaciones que las fundamentan. El estatuto epistemológico debe tornarse “observable” rescatándolo de la sincronización artificial que lo muestra como transhistórico y despojado de subjetividades.
Es la construcción de su objeto de estudio por parte del médico lo que está en cuestión ante la mirada de científico social y no sólo un conjunto inexplicable de prácticas autoritarias o de ejercicios arbitrarios y más o menos despóticos del poder. Aquello que ante los ojos de no pocos profesionales provenientes de las c.c.s.s convoca adjetivaciones descalificantes y sorpresivas o un asombro ingenuo, o a interrogantes que no encuentran respuesta desde su perspectiva, eso que algunos antropólogos observan en las conductas de médicos y hasta de los propios pacientes, no es (no sólo es) el ejercicio arbitrario de un poder del que se encuentra socialmente investido sino la conclusión lógicamente justificada intradisciplinariamente del objeto epistémico de su saber o de la apropiación reduccionista y simplificante de los contenidos biológicos para la que se ha visto permanentemente estimulado a lo largo de su formación profesional.
No se trata únicamente de analizar prácticas y conductas impregnadas de una violencia simbólica evidente a la luz de determinados paradigmas de racionalidad sino de registrar por qué tales hechos resultan perfectamente coherentes, “naturales” y autoevidentes a la luz del paradigma de la medicina hegemónica. No son los sucesos desnudos los que merecen calificación sino el sistema de pensamiento que los hace circular como verdades sólidas, robustas y hasta cierto punto inevitables en el interior de ese dispositivo los que reclaman el aporte enriquecedor de otras perspectivas.
Que la enfermedad sea concebida como una fenómeno exclusivamente biológico, que sus dimensiones sociales, culturales, subjetivas sean sistemáticamente negadas y que los recursos terapéuticos queden exclusivamente limitados a la farmacología o la intervención anatómica directa no debería resultar sorprendente sino más bien inevitable si se toman en cuenta las profundas razones epistemológicas que las originan.
La visión fragmentaria, reduccionista, abstraccionista y limitada a la aplicación de la lógica estadístico matemática de la enfermedad como proceso y del cuerpo como geografía no podrán ser puestas en cuestión sino mediante la deconstrucción sistemática del dispositivo productor de aquellos saberes.
el ejercicio de una observación crítica sobre el saber médico, sobre sus prácticas y representaciones no es posible desde posiciones que compartan las limitaciones de la visión fragmentaria y reduccionista de la realidad. La Medicina no puede vaciarse de contenidos biológicos que le resultan imprescindibles, no está en condiciones de restringirse al uso de herramientas de nuevo tipo para el tratamiento de la enfermedad y el alivio del padecimiento, no podría privarse de los aportes de la tecnología como instrumento de su accionar. No se trata de proscribir el uso de estrategias sino de expandir las posibilidades de su accionar hacia aspectos hasta ahora ni siquiera vislumbrados, de dotar de una nueva racionalidad a la utilización inteligente de los numerosos recursos de que dispone, de desplazar los fundamentos de su ejercicio de lo biológico a lo humano, de rescatarla de la autonomización de una tecnociencia impersonal y de su subordinación, investida de conocimiento científico, a los intereses del todopoderoso mercado y a la instrumentalización mercantilista de las personas.

Nada de esto resultará posible sin la participación del propio campo profesional, nada sin la interacción creativa entre disciplinas diversas capaces de gestar discursos emergentes y por lo tanto dotados de nuevas cualidades no reducibles a la suma de sus partes.
El sólido nudo epistémico sobre el que la medicina sustenta su racionalidad, aquella visión simplificadora y parcial resulta por estos días un verdadero obstáculo epistemológico capaz de trivializar la complejidad del conocimiento incluso en el interior de su propio dispositivo de saberes. La biología molecular contemporánea, la genética y otros aspectos específicos han adquirido tal grado de complejidad conceptual que desde perspectivas simplificantes no se puede menos que apropiarse de aquellos saberes de un modo reduccionista despojándolos de toda su potencia creativa y condenando su implementación clínica a una vana repetición de lo mismo.
La confrontación crítica con el mundo médico reclama un realismo reflexivo capaz de preservarse cuidadosamente tanto del absolutismo epistémico como del irracionalismo más obtuso. La medicina no puede, no debe, transformarse en Psicoanálisis, o en Antropología, o en Sociología sino más bien ser capaz de mirarse productivamente en la imagen de sí que estas disciplinas le proponen y en consecuencia reflexionar críticamente sobre su propio estatuto.
“La idea de una ciencia social neutra es una ficción interesada que permite considerar como científica una forma neutralizada y eficaz simbólicamente de la representación dominante del mundo social” Pierre Bourdieu.

Saber mas:

http://redalyc.uaemex.mx/pdf/401/40190212.pdf

Enriquecer sus conocimientos.


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